Promesas hospitalarias sin concluir: gobierno de Castro cierra su mandato sin entregar ninguno de los hospitales de los que tanto alardeó

Promesas hospitalarias sin concluir: gobierno de Castro cierra su mandato sin entregar ninguno de los hospitales de los que tanto alardeó

El gobierno de la presidenta Xiomara Castro concluye su administración sin haber puesto en funcionamiento un solo hospital nuevo de los ocho que anunció como emblema de su política sanitaria, pese a que durante cuatro años presentó el proyecto como uno de sus principales logros y aseguró haber dejado asignados los recursos presupuestarios para su culminación.

La promesa incluía la construcción de seis hospitales generales y dos hospitales de trauma, iniciativa impulsada inicialmente durante la gestión del exministro de Salud Manuel Matheu. Sin embargo, al cierre del mandato, ninguno de estos centros ha sido entregado de forma definitiva, mientras varios ni siquiera han superado la etapa de licitación.

Aunque el discurso oficial insiste en un “avance histórico” en infraestructura hospitalaria, la realidad evidencia proyectos inconclusos, atrasos significativos, incrementos de costos y poca claridad en los procesos de contratación. En varios casos, las obras apenas muestran estructuras parciales o continúan siendo solo planos y terrenos sin edificación.

Uno de los ejemplos más citados es el hospital de Salamá, Olancho, cuya construcción fue presentada recientemente por la presidenta como cercana al 85 % de avance. No obstante, declaraciones previas de funcionarios y registros visuales muestran discrepancias importantes en los porcentajes reportados, dejando en duda la veracidad de las cifras oficiales. Este hospital, cuyo costo supera los 1,600 millones de lempiras, sigue lejos de estar operativo.

La situación se repite en otros proyectos como Santa Bárbara, Ocotepeque, Choluteca, Tocoa y Roatán, donde los avances son desiguales y, en algunos casos, mínimos. Los hospitales de trauma de Tegucigalpa y San Pedro Sula, pese a contar con préstamos aprobados por el Congreso Nacional, no registran obras visibles y continúan en procesos administrativos.

Mientras tanto, la red hospitalaria existente atraviesa una de sus peores crisis. De los 33 hospitales públicos en funcionamiento, una parte importante enfrenta quirófanos cerrados, escasez de medicamentos, déficit de especialistas y una mora quirúrgica que en algunos centros supera el año de espera. Pacientes con enfermedades crónicas y emergencias siguen siendo atendidos en condiciones precarias.

Especialistas del sector salud coinciden en que la construcción de nuevos hospitales es necesaria, pero advierten que el error fue priorizar múltiples megaproyectos sin fortalecer primero el sistema ya colapsado. Señalan que sin personal capacitado, equipamiento, presupuesto sostenible y una red funcional, las nuevas edificaciones corren el riesgo de convertirse en estructuras vacías.

A esto se suman cuestionamientos por sobrecostos y falta de transparencia. El hospital de Santa Bárbara es el caso más polémico: su valor se duplicó pese a mantener el mismo número de camas, lo que generó denuncias públicas de sobrevaloración por parte del exministro Manuel Matheu. Aunque el actual ministro de Infraestructura ha negado irregularidades, la información disponible no ha disipado las dudas.

Organizaciones de la sociedad civil también han expresado preocupación por la ausencia de un plan integral de salud. Expertos recuerdan que Honduras invierte alrededor del 3 % de su PIB en el sector, muy por debajo de lo recomendado internacionalmente, y que además una parte considerable del presupuesto aprobado no se ejecuta, agravando el deterioro del sistema.

Desde el Congreso Nacional, el diputado y médico Carlos Umaña cuestionó que se impulsaran nuevos hospitales mientras se rechazaron fondos para reparar los existentes. Aseguró que propuestas para destinar recursos a la rehabilitación de quirófanos y a la formación de médicos especialistas fueron desestimadas, profundizando la crisis de atención.

El legislador también denunció la paralización de los hospitales de trauma, pese a contar con financiamiento aprobado, y pidió a los entes contralores investigar el destino de esos recursos. A su juicio, el próximo gobierno heredará proyectos inconclusos y un sistema de salud aún más presionado.

De cara al cambio de administración en 2026, el reto será retomar las obras con criterios técnicos, transparentes y sostenibles, pero sobre todo rescatar la red hospitalaria actual, que sigue siendo la única opción para millones de hondureños.

La conclusión de expertos es clara: sin medicamentos, especialistas, quirófanos habilitados y gestión eficiente, ningún hospital nuevo resolverá la crisis sanitaria. Mientras las promesas quedan en papeles y presupuestos, la población continúa esperando atención digna, oportuna y efectiva, una deuda que el Estado aún no ha saldado.

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