Por: Marcio Sierra
El presupuesto nacional no es una simple herramienta contable que podemos valorar anualmente. En realidad, constituye una prueba objetiva que tiene el nuevo gobierno que va a presidir el presidente Nasry Asfura, para demostrar la visión de desarrollo nacional que va a realizar. Cada presupuesto que se apruebe anualmente, a partir de 2026 hasta 2029, van a reflejar el destino de los ingresos públicos que se obtienen de los impuestos y de los préstamos adquiridos para cumplir con los objetivos de crecimiento socio económicos y culturales, que defina la nueva gobernanza democrática que va a presidir el nuevo presidente. Confiamos en que se va a administrar el presupuesto con transparencia y honestidad política; porque la nueva gobernanza, va a emprender procesos o políticas públicas orientados a sacarnos del continuo estancamiento en que caímos, a lo largo de la gobernanza socialista castromelista, precisamente por el mal manejo presupuestario que se realizó sin control riguroso, con débil transparencia y poca responsabilidad.
Al controlar con eficacia el presupuesto, el nuevo presidente Nasry Asfura, podrá lograr que los recursos limitados del Estado se inviertan debidamente en educación, salud, infraestructura, seguridad ciudadana, desarrollo humano y gobernanza local. El nuevo gobierno debe superar la narrativa mentirosa del socialismo castromelista con asignaciones presupuestarias coherentes, ejecutadas de forma eficiente y evaluadas con criterio de impacto social. Si no hay control del presupuesto, se va a mantener el Estado botín; pero con control, se convertirá en palanca de desarrollo.
En Honduras, los socialistas no obstante tener conciencia de la escasez de recursos que tenemos, instauraron una administración que va a pasar a la historia cómo la más corrupta que hemos tenido en nuestra historia reciente. Impusieron un sistema de dominación administrativa que, capturó el presupuesto a través de redes políticas, clientelares e ideológicas, para despilfarrar los dineros del pueblo y, en consecuencia, debilitaron la capacidad del Estado y no respondieron a las verdaderas necesidades de la población. Inflaron programas con objetivos de saqueo ilícito del presupuesto público, dejaron obras inconclusas, sobrevaloraron el gasto en acciones improductivas, por lo que, deterioraron la confianza ciudadana y perpetuaron la pobreza y la desigualdad.
El correcto control del presupuesto va a facilitar que el gobierno ejecute sus prioridades para bien del interés público. En este sentido, el papel del Congreso Nacional, del Tribunal Superior de Cuentas, de las veedurías ciudadanas, de los medios de comunicación y de la sociedad civil organizada, es crucial para garantizar que cada lempira que se gaste, se haga conforme a normas éticas, conforme a la ley y con sentido de nación. El nuevo Estado democrático que impulse Nasry Asfura no deberá temerles a los corruptos que cometan ilícitos con los fondos públicos, ni tampoco aliarse con ellos.
El desarrollo de Honduras no lo vamos a lograr con presupuestos improvisados, ideologizados o diseñados para sostenerse en el poder. Necesitamos planificación técnica, disciplina fiscal y evaluación permanente de resultados. Requerimos, sobremodo, voluntad política para romper con la lógica del Estado-botín y construir un Estado al servicio del ciudadano.
