Por: Marcio Sierra
La designada presidencial del actual gobierno María Antonieta ha sacado a la luz, uno de los documentos históricos más reveladores sobre el estado real del caos financiero que heredó la gobernanza castromelista al nuevo gobierno. Una situación calamitosa del estado real de las finanzas públicas, que tanto el asesor presidencial Manuel Zelaya Rosales como la presidente Xiomara Castro, son las dos figuras políticas clave, francamente responsables del desastre que causaron al conducir el reciente gobierno de la refundación, conjuntamente con la cúpula del Partido Libre que los protegía políticamente. En este bendito informe nos da a conocer con cifras, casos institucionales y alertas técnicas del desorden financiero estructural que compromete la sostenibilidad del Estado hondureño en el corto y mediano plazo.
El informe nos confirma que la tal “refundación económica”, lo que hizo fue endeudarnos, desfinanciarnos y causar severas distorsiones presupuestarias, producto de una gestión orientada pésimamente más hacia el redito político que a la responsabilidad fiscal. Vanagloriaron su poder público basado en el déficit fiscal y el endeudamiento sin estrategia. Al respecto, el déficit fiscal consolidado lo incrementaron de manera sostenida durante los cuatro años de dominación, superando en ciertos momentos el 4% del PIB, muy por encima de los márgenes de prudencia recomendados para nuestra economía que cuenta con baja capacidad de recaudación. El endeudamiento público pasó de niveles cercanos al 52% del PIB a casi el 60%, sin que tradujeran este aumento en inversión productiva estructural. Lo que ordenaron hacer fue destinarlo al gasto corriente, los subsidios sin focalización técnica, a programas sociales sin evaluación de impacto y a transferencias discrecionales a instituciones y entes desconcentrados. El gobierno de Xiomara Castro dispuso que la secretaría de Finanzas (SEFIN), según el informe, recurriera frecuentemente a reasignaciones presupuestarias y ampliaciones sin respaldo de ingresos permanentes, debilitando la credibilidad del marco fiscal.
Se han identificado Instituciones esenciales en situación crítica que presentan actualmente un deterioro financiero alarmante. La ENEE lejos de corregirse, el déficit estructural se profundizó. Han encontrado pasivos acumulados superiores a los 100 mil millones de lempiras, producto de la inoperante gestión, contratos poco transparentes y la ausencia de una reforma integral real. AL BANADESA lo instrumentalizaron políticamente favoreciendo con créditos a políticos del Partido para sus actividades personales y partidaristas, causando el incremento de la cartera morosa, porque otorgaron créditos sin análisis de riesgo adecuado, comprometiendo su viabilidad financiera. El IHSS refleja tensiones de liquidez persistentes, atrasos en pagos y un uso ineficiente de recursos, que agravan la crisis en la que se encuentra esta institución y que impacta directamente en los servicios de salud y pensiones. Se produjo una proliferación de fideicomisos opacos, fuera del control efectivo del Congreso Nacional y del Tribunal Superior de Cuentas, con montos que en conjunto superan varios puntos del presupuesto nacional.
Mangonearon con opacidad, subejecución selectiva y uso político el presupuesto. No hubo transparencia presupuestaria. Hicieron estragos con la inversión pública estratégica (infraestructura productiva, agua y saneamiento). Instrumentalizaron políticamente el gasto corriente para fortalecer programas clientelares, tal como en el caso, del canal de televisión estatal en el que descubrieron una planilla de 1600 nombramientos que no aparecen. Fragmentaron la información financiera y la presentaron tardíamente. Y debilitaron deliberadamente los sistemas de control interno. En otras palabras, erosionaron la confianza de organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, los que impusieron condiciones más estrictas para furos financiamientos. El nuevo presidente del Banco Central enfrenta una frágil y artificial estabilidad, que se sostiene por endeudamiento y no por una política fiscal y monetaria acoplada.
Concluyendo, el nuevo gobierno que dirige Nasry Asfura, tiene que reordenar el gasto, recuperar la disciplina fiscal, auditar instituciones clave y desmontar estructuras opacas de manejos de recursos. En otras palabras, la vanagloriada refundación no fue más que una administración del desorden, revestida de narrativa ideológica pero carente de responsabilidad técnica.
