Al liberalismo no se le hiere desde adentro

Al liberalismo no se le hiere desde adentro

Por: Larissa González

Hay momentos en la vida de un partido en los que el silencio responsable vale más que mil declaraciones, y la reflexión pesa más que la reacción.

El Partido Liberal de Honduras no es una candidatura, no es una coyuntura, no es una figura individual. Es historia viva. Es lucha. Es resistencia. Es democracia. Durante más de 130 años ha sobrevivido a crisis, derrotas, divisiones y persecuciones, porque su fuerza real no está en un nombre, sino en su militancia y en sus principios.

Cuando el liberalismo abrió sus puertas en un momento difícil, lo hizo con generosidad y esperanza. Las bases creyeron. Los líderes históricos acompañaron. La estructura territorial se activó. Se apostó por la unidad como camino para volver a gobernar.

Por eso duele —y duele de verdad— ver que hoy esa confianza se convierta en confrontación pública.

Al excandidato presidencial, Salvador Nasralla, este no es un reproche; es un llamado sincero. La crítica puede ser necesaria, pero cuando se dirige contra las figuras emblemáticas y la institucionalidad que le dieron respaldo, el daño no es individual: es colectivo.

Los liberales bien nacidos soñamos con ganar. Nadie trabajó para perder. Nadie conspiró contra su propio esfuerzo. Pensar lo contrario es desconocer la esencia de un partido que ha defendido la democracia incluso en sus peores horas.

Un liderazgo grande no divide después de una derrota. Un liderazgo grande reflexiona, une, escucha y corrige. La grandeza no está en señalar, sino en asumir con humildad que todos —sin excepción— somos responsables de los aciertos y de los errores.

Hoy el liberalismo necesita serenidad. Necesita respeto. Necesita que quienes aspiren a volver a representarlo comprendan su idiosincrasia, su cultura política y el valor de sus figuras históricas.

No se fortalece un partido atacando su propia casa.

No se construye futuro descalificando el pasado.

No se recupera la confianza sembrando sospecha.

Este es un llamado a la madurez política.

A la prudencia.

Al respeto.

Porque al liberalismo no se le hiere desde adentro. Se le defiende, incluso en la derrota.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *