Estados Unidos estaría consolidando un control estratégico sin precedentes sobre el suministro energético global, según un análisis del empresario y filántropo Martin Varsavsky. El experto señala que las recientes crisis geopolíticas forman parte de un plan sistemático para posicionar a EE. UU. como proveedor dominante de petróleo y gas natural, afectando directamente a competidores como China, Rusia e Irán.
Hace cinco años, el tablero energético global era diverso: Rusia suministraba grandes cantidades de gas a Europa, Irán y Venezuela vendían crudo pesado a China fuera del sistema financiero estadounidense, y Qatar abastecía una quinta parte del gas natural licuado (GNL) mundial. Hoy, Varsavsky sostiene que la situación cambió radicalmente: sanciones, conflictos militares y control de infraestructuras estratégicas han reducido las alternativas de los compradores, consolidando el poder estadounidense.
El experto señala cuatro movimientos clave: en Europa, la reducción del gas ruso y el aumento de las exportaciones de GNL estadounidense; en Siria, la caída de Assad que bloqueó un corredor terrestre de energía hacia China; en Venezuela, el control de reservas de crudo pesado y refinerías estadounidenses; y en Irán, los recientes ataques y bloqueos que interrumpen el suministro de petróleo y gas en Oriente Medio, elevando los precios globales y aumentando la dependencia del suministro estadounidense.
Varsavsky subraya que este dominio energético tiene implicaciones directas para la tecnología y la inteligencia artificial. Estados Unidos, con acceso pleno a energía doméstica y reservas estratégicas, fortalece su capacidad de operar centros de datos y producir semiconductores, mientras que China queda limitada por su dependencia de rutas energéticas ahora controladas por la armada estadounidense.
Rusia también se ve afectada, ya que su capacidad de exportar crudo pesado se reduce frente a EE. UU., mientras Ucrania destruye infraestructura energética rusa en el marco del conflicto. Según Varsavsky, estas maniobras posicionan a Washington como el actor principal en los mercados de energía y finanzas globales, con un control cada vez más directo sobre recursos esenciales para el desarrollo de la superinteligencia artificial.
El análisis concluye que, aunque los países del Golfo, Europa y China enfrentan pérdidas económicas y desafíos energéticos, Estados Unidos logra fortalecer su posición estratégica global, consolidando el sistema energético y financiero alrededor del dólar y del suministro estadounidense de petróleo y gas natural.
Esta perspectiva sitúa la geopolítica energética en el centro de la rivalidad mundial y muestra cómo la energía, la economía y la tecnología convergen en la estrategia de poder de Washington.
