Por: Marcio Sierra
Si hay algo que frena el desarrollo alimentario y que el nuevo gobierno democrático bipartidista, bajo la dirección del presidente Nasry Asfura de militancia nacionalista debe realizar, no es elevar la producción agrícola únicamente, sino fortalecer y organizar la producción, transformación, comercialización y consumo de alimentos de los pequeños productores campesinos que forman, prácticamente la base del desarrollo local, de la mayoría de las comunidades rurales en condiciones de atraso social.
En Honduras, el desarrollo alimentario es un problema estructural, porque la mayor parte de los pequeños productores son pobres y están excluidos de procesos de desarrollo que les incluya desde la producción, la mejora, la optimización de los productos alimenticios, la comercialización y el consumo de alimentos en cadenas de valor agroalimentarias.
Los pequeños productores campesinos sobreviven en condiciones de pobreza y aproximadamente el 62% de estos productores, son campesinos pobres representando a más de 300,000 familias campesinas que enfrentan severas limitaciones en la posesión de tierras. En ellas recae la pobreza general en el país en más del 60%. Ahora, con la gobernanza democrática que tenemos, necesitamos que la investigación, la innovación técnica y la eficiencia en los sistemas de producción y distribución mejore el posicionamiento productivo de estos productores y productoras, para mejorar la calidad del desarrollo alimentario de nuestro país, es decir, hacer cumplir en cuatro años lo se debería hacerse en ocho años.
Emprender una política que se enfoque en cadenas de valor incluyendo las parcelas de los campesinos minifundistas hasta el consumidor, significa organizar el conjunto de actividades que van desde la provisión de insumos, la producción primaria, el procesamiento, el transporte, la comercialización y el consumo final. El valor que se captura de esta producción debe ser analizada para ver cómo asumir los riesgos y evitar la exclusión. Por ejemplo, en Honduras se deben organizar las cadenas de valor de los granos básicos, el maíz, el frijol, el arroz y el sorgo, porque tienen una deficiente integración vertical. Los productores campesinos pequeños venden en bruto, sin capacidad de almacenamiento, transformación ni negociación, quedando subordinados a intermediarios que concentran el poder económico y capturan la mayor parte del valor agregado.
Hay que hacerle frente a la fragmentación productiva y a la exclusión del pequeño productor campesino. Y para vencer ambos problemas, las cadenas de valor pueden contribuir a fortalecer el desarrollo alimentario, haciendo operar a la mayoría de minifundistas con limitado acceso a crédito, tecnología, asistencia técnica y mercados formales, en procesos que posibiliten su organización para cumplir estándares de calidad e inocuidad.
La nueva gobernanza bipartidista democrática está obligada a instaurar una política pública que le de sostenibilidad e integración al pequeño productor campesino en cadenas de valor para que les dinamicen como fuerza productiva y logren salir de la pobreza rural en la que se encuentran a través de la producción de alimentos bajo un contexto de seguridad alimentaria. Se tiene que agregarle valor al desarrollo territorial e ir más allá de la producción primaria y apostarle a la agregación de valor desde su origen. Se tiene que instaurar el procesamiento local de alimentos, el fortalecimiento de cooperativas, los encadenamientos con mercados locales y regionales, y la promoción de agroindustrias rurales que generen empleo, ingresos y disponibilidad estable de alimentos.
