¿Qué son realmente las drogas auditivas y cómo funcionan?

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Tiene varios nombres: drogas auditivas, e-drugs o “drogas digitales sonoras”. Son un fenómeno conocido desde hace unos cinco años, que comenzó en Estados Unidos, y prometen dar a quienes lo escuchen el efecto de ciertas sustancias ilegales, como éxtasis o cocaína.

El fenómeno se popularizó , luego de que algunos youtubers famosos, como El Demente o Missa Sinfonía, reaccionaran a un capítulo de la novela mexicana “La Rosa de Guadalupe”, en la que un grupo de adolescentes decidía probar drogas auditivas.

La curiosidad llegó entonces en forma de distintas preguntas: ¿Qué son? ¿Causan efecto? ¿Son peligrosas?

¿Drogas o música?

Las ‘drogas auditivas se fundamentan en los latidos binaurales, un fenómeno neurológico que consiste en emitir sonidos distintos en cada oído, lo que estimula el cerebro y produce sensaciones de euforia, estados de trance o de relajación, aseguran quienes las consumen.

Se trata de sesiones (dosis) de entre 15 y 30 minutos de zumbidos, que se pueden descargar de varios portales especializados a unos precios que oscilan entre los 7 y los 150 euros y que transportan a los usuarios a unas sensaciones fuera de lo común.

La imagen del consumo de esta música -por ejemplo un chico tumbado en la cama de su habitación escuchando su reproductor de música- dista mucho de las sustancias que se engloban bajo el paraguas de los estupefacientes.

Estos productos nacieron en Estados Unidos, pero su éxito y las nuevas tecnologías han extendido su uso rápidamente por el resto del mundo, algo que ha despertado reticencias en ciertos sectores, pese a que no crean adicción alguna, dicen los expertos.

Fuentes de la Misión Interministerial de la Lucha Contra la Droga y la Toxicología de Francia aseguran que se trata de un fenómeno que no es “ni inquietante, ni emergente” y creen que, por el momento, no hay razón para prohibirlo.

No obstante, estas drogas digitales han irrumpido en ese país en los últimos dos meses y por ahora se desconocen los efectos que pueden acarrear a los consumidores porque todavía “no hay estudios realizados al respecto”.

¿Hay de qué preocuparse?

Expertos en neuropsicología remarcan que los latidos binaurales relajan, ayudan a la concentración y se usan con fines terapéuticos para enfermedades como el autismo.

Ciertas frecuencias pueden estimular la imaginación o la creatividad, lo que podría crear las alucinaciones que los consumidores afirman tener durante o después de escuchar las sesiones.

Algunas voces alertan sobre la posibilidad de que, a la larga, las drogas digitales puedan provocar disfunciones cerebrales.

Los hipotéticos peligros de las ‘drogas digitales’ no parecen preocupar demasiado a los más jóvenes, que comparten sus experiencias en las redes sociales, donde recomiendan las mejores dosis.

Por el momento, no hay razones clínicas probadas para prohibir esta práctica.

Dosis de música

Los nuevos sonidos en la red ya son conocidos como “dosis”, y las más populares tienen nombres tan sugerentes o psicotrópicos como ‘Orgasm’, ‘Peyote’, ‘Marijuana’ o ‘Lucid Dream’, que son algunas de las más descargadas.

Las sesiones se agrupan por temas. Así, se pueden encontrar algunas prescritas para desarrollar la imaginación, disfrutar más de una partida de videojuego o de actividades deportivas o, incluso, para aumentar el placer de las relaciones sexuales.

Es una ‘droga’ joven que, a pesar de las dudas sobre su consumo, se prolifera rápidamente, se consume con la naturalidad con la que se escucha música, no parece estar asociada a actividades ilegales y sus propiedades se masifican en Internet, gracias a las redes sociales.

¿Cómo funciona?

Para entender el fenómeno de las drogas auditivas, hay que empezar por decir que el cerebro emite frecuencias eléctricas que están por debajo de los 30 hertz.

Los rangos de frecuencia determinan los estados de actividad del cerebro; por ejemplo, cuando éste tiene una frecuencia de entre 0 y 5 hertz, hay sueño profundo (estado delta); entre los 4 y 8 hay aletargamiento (theta); entre 8 y 14 hay estado de alerta (alfa), pero relajado, y entre los 14 y los 30 es un estado de gran alerta (beta).

Lo que busca la música es tratar de modificar a voluntad el estado del cerebro, y en este caso llevarlo al rango de los 8 a los 14 hertz, lo que se logra con pulsos binaurales.

Se cree que si por un tiempo prolongado, y con un entrenamiento, el estímulo persiste, se logra que el cerebro modifique su frecuencia y funcione a 10 hertz; de este modo se ubica en el estado de relajación.

En esta condición se pueden estimular algunas zonas del cerebro que producirían sensaciones de euforia, de somnolencia, similares a las que se adquieren bajo la influencia del alcohol, e incluso de tipo sexual. Hasta ahora no hay evidencia sobre su verdadero efecto y tampoco certeza sobre si produce adicción, lo cierto es que ante el placer se tiende a repetir su uso.

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