Muerte de la viuda de Pinochet agita el cierre de campaña electoral en Chile

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Chile– La muerte este jueves de Lucía Hiriart, viuda del exdictador Augusto Pinochet, provocó un verdadero terremoto político en el cierre de la campaña electoral chilena, a solo tres días de que el ultraderechista José Antonio Kast y el izquierdista Gabriel Boric se batan en unos reñidos comicios.

La mujer fuerte del cruento régimen militar (1973-1990) falleció a los 98 años de edad en su casa, en el oriente del Santiago, aquejada desde hace meses por un cuadro respiratorio.

El único de los candidatos en referirse públicamente a Hiriart fue Boric, quien congregó a miles de personas en un céntrico parque capitalino para su último mitin antes del crucial balotaje, en el que los sondeos le dan como ganador con una pequeña diferencia sobre Kast.

«Hiriart ha muerto en la impunidad pese al profundo dolor y división que causó a nuestro país. Mis respetos a las víctimas de la dictadura de la que fue parte», dijo el abanderado del Frente Amplio y el Partido Comunista, una de las formaciones más perseguidas durante el régimen.

«FIN DE LA TRANSICIÓN»

Pese a que el diputado y exlíder estudiantil pidió a sus simpatizantes no celebrar su muerte, el público cada cierto tiempo coreaba consignas como «La vieja se murió» o «El que no salte es Pinochet».

«Si Boric gana el domingo, sumado a la muerte de la ‘vieja’, podemos decir que Chile ha dejado atrás la transición», expresó a Efe la joven Camila Barrios, mientras ondeaba una bandera LGTBI y un cartel celebrando la reciente aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Para la universitaria Katy Santander, «Kast va en contra de todos los derechos logrados hasta ahora»: «Nosotros estamos endeudados de por vida por haber estudiado en la universidad. Queremos que estudiar deje de ser un privilegio, igual que la salud», agregó a Efe.

Hiriart es de una de las figuras políticas más controvertidas de Chile y, junto a Pinochet, comandó una de las dictaduras más sangrientas de América Latina, que dejó al menos 40.000 víctimas y más de 3.000 asesinados o desaparecidos a manos de agentes.

Al poco de conocerse su fallecimiento, cientos de personas se congregaron en Plaza Italia, el epicentro de las grandes protestas de 2019, y bocinas de autos se escucharon por las calles de Santiago.

«La campaña de Kast es calcada a la del sí (a favor de la permanencia en el poder de Pinochet) de 1988», afirmó en su último discurso Boric, quien busca desmantelar el modelo neoliberal instalado durante la dictadura y crear un Estado del bienestar al estilo europeo, con servicios básicos gratuitos.

«CHILE NO SERÁ MARXISTA»

Al otro lado de ciudad, en el barrio acomodado de Las Condes, el abogado ultracatólico y padre de nueve hijos no mencionó a Hiriart en su discurso, pero dijo previamente a la radio local ADN que no asistirá a su funeral porque «no es cercano a la familia Pinochet» y porque no quiere «hacer un hecho político de esto».

«Boric no es una mala persona, pero tiene malas ideas y malas compañías (…) Chile no será jamás un partido marxista y comunista», clamó ante sus miles de seguidores.

Kast, quien quedó primero con el 27,8 % de los sufragios, a solo un par de puntos de Boric, defiende los valores de la derecha tradicional (patria, familia y orden) e insiste en que el neoliberalismo instalado durante la dictadura militar (1973-1990) y profundizado en la transición es el único modelo que crea riqueza.

Ondeando una bandera chilena, Lucy Hurtado, de 54 años, aseguró haber ido al ido al cierre de campaña de Kast porque «se necesita un un país libre para poder trabajar y progresar, para parar la violencia» y porque quiere «parar el comunismo»: «El riesgo es que los comunistas cuando llegan al poder no lo sueltan», expresó a Efe.

A su lado, la joven reconoció a Efe que tiene diferencias con el ultraderechista, sobre todo en lo relacionado con los derechos reproductivos y sexuales, pero indicó que «le da seguridad» y que confía en que «respetará el Parlamento».

El ganador del domingo, que sustituirá en marzo al derechista Sebastián Piñera, tendrá la titánica tarea de encauzar un país que aún no se recupera de las heridas que causó el estallido social, con un Parlamento fragmentado y la redacción de una nueva Constitución en marcha.