Las tradiciones que se viven en la Semana Santa en Honduras

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Estamos en la Semana Mayor época en la cual el cristianismo recuerda la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo, tradiciones religiosas que heredamos en los pueblos colonizados por España especialmente en aquellos donde se establecieron los centros eclesiásticos de mayor importancia, tal el caso de Comayagua y Tegucigalpa en Honduras.

En el rico poblado que los españoles bautizaron como el Real de Minas de San Miguel de Tegucigalpa, los católicos han conmemorado secularmente la Semana Santa con eventos religiosos que, con pocas variaciones, constituyen toda una tradición que se inició el Miércoles de Ceniza para marcar el comienzo de la cuaresma y culmina el Domingo de Resurrección.

Hoy vamos a relatar algunos aspectos de esas costumbres religiosas que nos legaron nuestros mayores, pero que antes se guardaban con mayor devoción cuando los días santos no estaban ligados al concepto de vacaciones de verano.

El comienzo de la Semana Santa lo constituía, y todavía se conserva, con la procesión del Domingo de Ramos que una vez finalizada la misa de la bendición de palmas, sale de la Catedral Metropolitana (foto 1) recorriendo las calles céntricas de la ciudad rememorando con ello la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en las fiestas de la pascua judía.

El Jueves Santo por la mañana los santos oficios en todas las parroquias de la capital, cuyos altares permanecen con lienzos morados para cubrir las imágenes de los santos, la misa crismal, el lavatorio de los pies y por la noche, la procesión del prendimiento (foto 2) , que antaño salía de la gruta colocada al extremo norte de la parroquia tegucigalpense con la imagen del Nazareno que se colocaba en el lugar para recordar la Oración en el huerto de Getzamí. Desde ese lugar, a partir de las once de la noche, la imagen atada de sus manos, los nazarenos arrastrando cadenas y con lastimeros toques de corneta, la procesión cubría la ruta por la calle de la amargura (avenida Paz Baraona) hasta la iglesia de El Calvario.

El Viernes Santo a las diez de la mañana, los feligreses se congregaban en la iglesia de San Francisco para escuchar el sermón antes de la salida de la procesión del vía crucis que se iniciaba a las 11:00 de la mañana con la primera de las catorce estaciones en la casa Santa Teresita con un recorrido por toda la avenida Colón hasta llegar a la iglesia de El Calvario (foto 3). Los fieles oraban en cada estación muchos de ellos cayendo de hinojos en las estaciones del Santo Vía Crucis (foto 4).

Al mediodía se realizaba en la Catedral la crucifixión, el Sermón de las Siete Palabras (foto 5), la limpieza del cuerpo de Jesús con algodón y aceite y el descendimiento para dar paso al Santo Entierro (foto 6) en horas de la tarde, procesión que saliendo desde Catedral hacía un largo recorrido por el centro tomando la avenida Cervantes hasta el Guanacaste, pasando por el barrio La Ronda, por la iglesia de Los Dolores hasta llegar en horas de la noche a El Calvario. En este recorrido la tradición contemplaba la elaboración de las artísticas alfombras (foto 7) y los monumentos o descansos.

En aquel entonces, cuando Tegucigalpa era segura y la delincuencia no se había posesionado de sus calles, en la noche a eso de las diez y once, salía la llamada procesión de La Soledad (foto 8) desde El Calvario a San Francisco, acompañando los fieles, especialmente mujeres, la imagen de La Dolorosa, las de San Juan, la Magdalena y San Pedro que permanecían en el templo franciscano todo el día Sábado para que los fieles católicos asistieran a lo que se llamaba “el pésame a María”.

La Pasión culminaba con los actos de alegría del Domingo de Resurrección traducidos en una procesión que partía desde San Francisco y que se conocía como “Las carreritas de San Juan” para el encuentro de la Madre Dolorosa con el Jesús Resucitado (foto 9) que salía del templo de La Merced para finalizar en la iglesia de El Calvario, todas las iglesias hacían repicar su campanas que habían permanecido silentes desde el Miércoles Santo y se quemaba pólvora durante todo el trayecto.

Algunas cosas han cambiado, pero la esencia de la conmemoración de la Semana Santa en Tegucigalpa persiste con el paso de los años, se han trastocado algunos actos quizá por innovaciones que han hecho algunos sacerdotes foráneos y en otros casos por los horarios de antaño debido a los actos delictivos que se cometen en templos y en procesiones.

Que esta Semana Santa sea de reflexiones, de descanso y de acercamiento a Dios y que la bendición de Jesucristo descienda en todos los hogares de Honduras.

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