Canadá «cierra la puerta» a los Duques de Sussex

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La renuncia de los Duques de Sussex a continuar siendo miembros «senior» de la Familia Real británica ha desatado un auténtico huracán mediático y de masas alrededor de todo el mundo. Esta decisión sin precedentes, que «liberará» al matrimonio de sus deberes reales, y les otorgará la posibilidad de trabajar para ser «financieramente independientes» -eso sí, con matices-, ya ha sido aceptada por la propia Isabel II de Inglaterra, que ha abierto un «periodo de transición» hasta que se decida el rol que tendrán el Príncipe Harry y Meghan Markle dentro de la Corona.

La Reina, en un comunicado conciliador emitido tras la reunión de emergencia realizada en Sandringham, a la que acudieron, además de la monarca, su hijo Carlos y sus nietos Guillermo y Harry, confirmó que durante este tiempo la pareja residiría a caballo entre Canadá y el Reino Unido. Y es que la duquesa está muy vinculada al país norteamericano, en el que vivió durante muchos años coincidiendo con su etapa como actriz. También ha sido su refugio la pasada Navidad, cuando se tomaron un respiro sabático de seis semanas para descansar de la continua persecución mediática.

Justin Trudeau, primer ministro canadiense, les dio la más cálida de las bienvenidas entonces y ha reiterado esta semana su apoyo a los Sussex, ofreciéndose incluso, tal y como recogió el «London Evening Standard», a pagar la mitad de lo que cuesta su seguridad privada. La protección de Meghan y Harry se extiende a nivel internacional, y hasta ahora ha estado costeada por los contribuyentes británicos, además de contar con personal de la Scotland Yard.

Pero hay quienes, en contraposición al político, no están tan contentos con la idea de abrir sus puertas a dos miembros (todavía) de la realeza por los perjuicios que, consideran, podría generar su mudanza. Canadá «da la bienvenida a personas de todas las religiones, nacionalidades y razas, pero si usted es un miembro de alto rango de una familia real, este país no puede convertirse en su hogar», sentencian desde el «The Globe and Mail», considerado como el medio más importante del país. En sus líneas tildan de «vago» su plan de traslado: «Canadá no es una casa intermedia para cualquiera que quiera salir de Gran Bretaña sin dejar de ser un miembro de la realeza».

También remarcan que este pensamiento no es un reflejo de rechazo hacia la monarquía: «No se trata de romper con la Corona. Por el contrario, se trata de mantener la monarquía única y altamente exitosa de Canadá». Pero a pesar de negarlo, desde el medio citado insisten en rechazar a los miembros de la realeza que quieran establecer un hogar en su país.

La noticia de tener como vecinos a una exactriz de Hollywood y a uno de los nietos de la Reina Isabel II tampoco despierta gran entusiasmo entre parte de la ciudadanía. Según una encuesta realizada por el Instituto sin ánimo de lucro Angus Reid, el 73% de la población dice «no, gracias» a la posibilidad de tener que costear su «seguridad y otros gastos asociados con su intención declarada de pasar, al menos, parte del año en Canadá». El debate está servido.

En cualquier caso, tal y como prometió Isabel II tras el gabinete de crisis familiar, está previsto que se tomen decisiones definitivas relativas a estas cuestiones en los próximos días. Pero lo cierto es que Meghan, Harry y el pequeño Archie, de ocho meses, han tomado una decisión sin precedentes con el objetivo de establecer su familia lejos del foco y la presión mediática cruzando el charco (casi) sin mirar atrás.