Niño hondureño forja su futuro con sus manos, tijeras y muchos deseos de triunfar

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Dos de sus hermanos y varios de sus amigos emigraron a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, pero Eduardo Espinal, un niño de 12 años, apuesta a un futuro en Honduras, donde abrió una barbería el mes pasado para ayudar a su familia.

“La barbería me gusta mucho y estudiar también”, dice a la AFP sentado en el patio frente a su “Eduar Barber Shop” en Comayagua, unos 80 km al norte de Tegucigalpa.

Quería ayudar a su familia, y a los 11 años comenzó a trabajar en una barbería que frecuentaba con su padre, donde aprendió el oficio.

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, va en bicicleta a su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

Escuela versus trabajo

“Mi papi me compró la primera máquina, de ahí comencé a cortarle el pelo a él”, cuenta este niño que terminó la primaria en 2021 y tiene planes de empezar la secundaria el año próximo.

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El trabajo infantil es una realidad en Honduras y en muchos otros países de Latinoamérica, aunque las leyes lo prohíben. En Honduras solo los mayores de 14 años pueden trabajar legalmente.

En 2021, unos 256.000 niños y jóvenes de 5 a 18 años trabajaban en Honduras, dijo a la AFP Horacio Lovo, subdirector del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Y medio millón de los 2,3 millones de niños y jóvenes hondureños de 5 a 18 años no estudia ni trabaja, añadió.

“Lo deseable es que los niños estén en las escuelas (…) El caso grave es aquellos que por trabajar sí abandonan los estudios”, señaló Lovo.

Eduardo trabajó un año como aprendiz, hasta que hace poco más de un mes dijo: “Papi, yo ya puedo cortar, yo quiero que me compre una silla”, contó a la AFP su padre.

Además de la máquina de cortar cabello, tijeras, navaja y el overol de barbero, Wilfredo Espinal compró a su hijo un sillón de peluquero que le costó 22.000 lempiras (unos 900 dólares), y le ayudó a instalar la humilde barbería en una pequeña casa de paredes de adobe forradas con cemento y techo de zinc en las afueras de la ciudad.

Eduardo cobra entre dos y tres dólares el corte, según el estilo. Su mejor día fue cuando atendió a 16 personas que le dejaron unos 45 dólares. Un buen ingreso en un país donde un tercio de la población de casi 10 millones de habitantes vive con menos de un dólar al día.

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

Tiempo para jugar

Aunque la barbería abre a las 08H00 y cierra a las 20H00, también encuentra tiempo para jugar. En un día normal, “me levanto, me baño, me cambio, como y me vengo (…) Juego cuando no tengo clientes, como a las cinco (de la tarde) vamos a jugar escondite [y] con la bici” o al fútbol, explica.

Dice que quiere “ser un barbero profesional”. También sueña con ayudar a su hermana, Darliana, de 8 años, a abrir un salón de belleza, y le gustaría construirle una casa a su madre, Merlin Carranza, de 38 años.

César Zepeda, un soldador de 57 años que quedó satisfecho con el corte que le hizo su joven barbero, cree que Eduardo y sus padres son un ejemplo. A los hijos hay que “apoyarlos en lo que a ellos más les gusta”, sostuvo.

“No es necesario irse para otro país para poder triunfar”, dijo.

Los bajos ingresos, la falta de oportunidades de trabajo y la violencia de pandilleros y narcotraficantes en Honduras obliga a cerca de 800 nacionales a emigrar cada día hacia Estados Unidos, donde viven más de un millón de hondureños, la mayoría sin permiso de residencia y de trabajo.

Jorge Ramos, el barbero que le enseñó el oficio, también intentó emigrar, pero fue deportado. AFP

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, recibe 100 lempiras (4 USD) luego de cortarle el cabello y la barba a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, abre el portón de su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)

 

Eduardo Espinal, un niño de 12 años, corta el cabello a un cliente en su barbería en Comayagua, Honduras, el 9 de agosto de 2022. – Con tijeras y afán de superación, Eduardo Espinal, de 12 años, se abre camino con su barbería en Honduras, uno de los oficios más antiguos del mundo, para escapar de las dificultades económicas y del “sueño americano”. (Foto por Orlando SIERRA / AFP)