La clasificación del vóleibol a Tokio 2020: nacido del esfuerzo, el rugido de las Panteras ya resuena en Japón

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El festejo de la selección argentina de vóleibol Fuente: AFP

La pantera, en sí misma, representa algo más que un animal salvaje. Según una definición, es un mamífero felino, que tiene el cuerpo esbelto y fuerte, patas algo cortas, cola muy larga y uñas fuertes que usa para cazar; es muy rápido y ágil. Esos atributos no bastan para definir el logro de las Panteras, el seleccionado femenino de vóleibol, que participará en los Juegos Olímpicos, un hito que marca por segunda vez. Las chicas, las panteras, son indomables; unidas, no se encogen en la adversidad: cazan la historia. Un símbolo es, por caso, el remate, en las alturas, de una de ellas: siempre hay dos o tres compañeras dispuestas a socorrerla, desde abajo. Del cielo a la tierra, siempre juntas, codo con codo.

Las argentinas vencieron anteanoche a Colombia por 3 a 1 en el Coliseo El Salitre, de Bogotá. Contra el bullicio del público, contra el comienzo desfavorable. Contra todo. Se impusieron con parciales de 16-25, 25-21, 25-16 y 25-23 a las locales, que eran las favoritas. De hecho, Antonio Rizola Neto, el entrenador brasileño que dirige a las colombianas, no logró contener las lágrimas. “Hicimos lo que pudimos”, se quebró. Al mismo tiempo, las chicas de celeste y blanco saltaban, abrazadas, como nunca en su vida. Escriben la historia a pura emoción.

El himno local “a capella”, con 6500 personas cantando, fue intimidante. Las colombianas salieron a jugar con actitud a fondo, en defensa, en ataque, en bloqueo. Y obligaron a los errores: Colombia ganó puntos por equivocaciones argentinas, y cedió solamente uno. Luego, las Panteras rugieron en todo su esplendor.

El vóleibol femenino argentino participó solamente una vez en los Juegos: Río de Janeiro 2016. En este Preolímpico, con equipo renovado, con jóvenes promesas y como visitante (en 2016 se jugó en Bariloche), apenas repitió cuatro olímpicas: Julieta Lazcano, Yamila Nizetich, Lucía Fresco y Tatiana Rizzo. El conjunto al que dirige Hernán Ferraro, el entrenador que llevó a las Panteras a su primera medalla en Juegos Panamericanos (bronce en Lima 2019), se suma a Japón (el anfitrión), Serbia, China, Estados Unidos, Brasil, Rusia e Italia.

Las chicas emocionaron al deporte argentino. Recibieron múltiples reconocimientos, y destacaron dos en Twitter. El de Gabriela Sabatini, una leyenda: “Muy grandes @LasPanterasARG Felicitaciones!!!”. Y el de Matías Lammens, ministro de Turismo y Deportes: “¡Felicitaciones @LasPanterasARG! Son un verdadero orgullo y ejemplo de constancia y esfuerzo”.

De eso se trata la aventura: constancia, esfuerzo. Y talento, claro. “Estoy muy feliz y orgullosa de mi equipo. Conseguimos lo que vinimos a buscar: hicimos historia por segunda vez”, expresó la cordobesa y capitana Julieta Lazcano.

Parece lejano aquel día de fines de julio de 2019, cuando Lazcano y sus compañeras se plantaron en el Cenard -junto a la Asociación de Jugadores- para reclamarle a la Federación Argentina (FeVA) por los aranceles en los pases internacionales, que comprometían su desarrollo profesional, según recuerda Télam. El problema afectó aun más a las mujeres, ya que no contaban -ni cuentan- con una liga local competitiva como la de los varones. El profesionalismo sigue siendo una cuenta pendiente, pero el tiempo transcurrió y fueron superadas algunas rencillas. “Apuesto a un proyecto realista”, avisó Ferraro al asumir en abril pasado. Y el sueño se convirtió en realidad.

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