La cara de la justicia en Honduras

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Es curioso como a medida pasan los años nos vamos volviendo más indiferentes ante situaciones atípicas, quizás porque nacimos en un país donde la justicia es una moneda sin cara ni cruz , donde la neblina de la corrupción e inseguridad nos acobija hasta volvernos victimas de nuestra propia desgracia; de la cual nunca tuvimos culpa.

Dicen que cuando una vida se apaga, otra vida se enciende, la ironia es que hay unas que no estan listas para partir de esta tierra terrenal de manera tan injusta, nadie esta preparado para el dia de su muerte, pero muy adentro de nuestros deseos esperamos que ésta llegue de manera silenciosa y sin dolor, que nos permita viajar hasta nuestro destino espiritual llenos de gozo por haber disfrutado nuestra vida al máximo , presumiendo de uno que otro sueño que tuvimos la dicha de cumplir; pero en Honduras, no todos contamos con la misma suerte.

Una joven médico, con ganas de salvar vidas perdio la suya en un bus; violada , la luz de sus ojos se apagaron , y lo último que vieron fue la sombra de la delincuencia, una sombra tan penumbrosa capaz de matar los sueños de cualquiera que se interponga en su camino, como Silvia existen muchos casos más, que lastimosamente seran algún día una historia archivada que estremeció el país por unas cuantas horas, así como Maria José y Sofía Trinidad, sus muertes llegaron a todos los rincones del mundo; pero para el país que las vio nacer fueron una noticia más entre tantas que nuestros medios se aseguran de retroalimentar a diario con sus notas rojas; rojas porque vienen embarradas de sangre y de dolor.

El dolor es un aviso que nos da nuestro corazón, aveces punzante que se asegura de recorrer hasta el último centímetro de piel que tenemos en este cajón prestado que llamamos cuerpo. Ese dolor se manifiesta por distintas razones y generalmente denota impotencia al no poder retroceder el tiempo aunque sea unos segundos . De ese dolor que les hablo es el que vemos a diario en las caras de madres y padres que pierden sus hijos ante el miedo infundido; ese miedo que nos ha vencido .

Lagrima tras lagrima brotaba de los ojos de la madre de Rodis Peralta Rivera al recibir el cuerpo de su pequeño en la morgue capitalina el dia de ayer; un niño de escasos 12 años que le robaron la vida sin importar la ilusion que está tenia , y es que a estos vulgares delicuentes no les importa si tenemos sueños , quizas él añoraba ser ingeniero o empresario; jamás sabremos si su futuro pudo haber sido prometedor para un país que sangra y necesita ahora mas que nunca jovenes que luchen por sacarlo de las garras sucias en las que se encuentra sumergido; mientras tanto sus asesinos siguen caminando sin afán y sin prisa por la calles de esta cuidad que llamamos nuestro hogar.

¿Será que como dice Cesar Indiano, somos los hijos del infortunio?

 Escrito por : Giselle Villanueva
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