Conmovedora Historia del día a día de las madres en situación de calle

Estas mujeres tienen poco que celebrar en su día. Conviven con un grupo de personas a la intemperie y pasan sus días en busca de alimentos mientras resisten el frío, la lluvia, el sol y la represión de la policía. Sin embargo, mantienen la esperanza de salir adelante

Por ABEL LÓPEZ | ABLOPEZ@EL-NACIONAL.COM| @ZAKONT

A un lado del río Guaire y de la autopista Francisco Fajardo pasarán el Día de las Madres varias de ellas, en situación de calle. Van y vienen de un lado al otro para buscar alimentos, atender a sus hijos, asearse y estar alertas ante la amenaza de la policía. Así transcurren sus jornadas.

Yonaidy López, de 27 años, es una de las madres que se encuentra sin hogar. Pertenece a un grupo de aproximadamente 30 personas que viven entre El Rosal y Las Mercedes: a la intemperie. Con dos niños varones, de cuatro y dos años, y un embarazo de siete meses aún mantiene la esperanza de que el gobierno les tienda la mano.

López depende de la solidaridad de la sociedad para conseguir alimentos. Lamenta que no todas las personas sean iguales. Aseguró que para sobrevivir buscan comida en la calle, aunque reciben comida de los vecinos de Las Mercedes, organizaciones y algunos comerciantes, de vez en cuando deben hurgan entre la basura o perseguir el camión del aseo.

“No todo el tiempo comemos cosas malas. En la basura también vienen cosas buenas. Nací en 1989 y Venezuela nunca había estado así, hasta que agarró el mando Maduro. La crisis alimentaria se ha visto desde que el presidente Chávez se murió”, expresó en una entrevista exclusiva a El Nacional Web.

Con un año en esta situación, esta madre sostiene que el mayor peligro que corren es la amenaza de los cuerpos de seguridad del Estado. A las agresiones directas que sufren de parte de la policía se sumó la represión a los manifestantes opositores, cuando inicia deben huir de las lacrimógenas a otra zona.

“La policía siempre nos trata mal. Principalmente a los hombres, a quienes les  pueden dar golpes (…) No es fácil vivir en la calle. Uno tiene que dormir con un ojo abierto para que la policía no nos haga nada, para que no nos maten”.

“No somos ningunos perros”

Ante la adversidad, López no ha perdido su sonrisa: “Uno tiene que mostrarle a la vida una cara de felicidad para no decaer en otros momentos“.

Entre sus planes está alquilar una casa con su esposo y luego volver a trabajar en un restaurante. También mantiene la esperanza de que el gobierno la ayude con una vivienda. Mientras tanto, su madre se encarga de sus dos hijos.

Desea que los niños no la vean en su situación actual y menos que vivan lo mismo que ella.

Con esta experiencia, aconseja a los jóvenes que no abandonen sus hogares. “Yo me dejé llevar por la rabia y no lo pensé”, reconoció. Sin embargo, descarta volver a su casa.

Yonaidy López también envió un mensaje al presidente Nicolás Maduro: “Tómennos en cuenta, no somos ningunos perros. Él sabe nuestra situación porque nos ha mandado a la policía y al Cicpc”.

En una situación similar está Andreina Castro, de 19 años, desde noviembre de 2016: cuando perdió su casa y tuvo que refugiarse en la calle con su esposo y su hija de siete años.

La joven acudió a la policía, al Palacio de Miraflores, la Alcaldía y al Ministerio de Hábitat y Vivienda sin obtener ayuda. En la Misión Negra Hipólita le ofrecieron encargarse de su hija mientras conseguía algo mejor, pero enseguida rechazó la propuesta.

“Yo les dije que no estoy regalando a mi hija y que prefería tenerla conmigo (…) Prefiero estar con ella antes de que la maltraten”, comentó.

“La calle me ha enseñado a compartir”

Andreina y Yonaidy conviven juntas en el mismo grupo. Estas personas se mantienen unidas y colaboran entre todos en el día a día. Pasan frío por las noches, llevan sol y resisten la lluvia juntos.

Castro destacó que los hombres también cocinan, se dividen las tareas y con ellos se siente protegida. Coincidió con López en que deben “dormir despiertos” ante la posible visita de la policía.

Denunció que recientemente un grupo de encapuchados, vestidos de negro y con armas de fuego arremetió contra el grupo de hombres y lanzaron a su esposo al río Guaire. El incidente no dejó heridos de gravedad.

A ellos vivir en la calle les facilita hacer colas para adquirir insumos de aseo y comida. La joven dijo que estar ahí le enseñó a compartir: “Uno cuenta más con esta gente que con su mima familia”.

-¿Qué es lo que más tristeza te da?

-Todo… Todo el trabajo que paso con mi hija. No tanto en la alimentación, sino a la hora de dormir en el piso. Quisiera ponerla a estudiar y que no pase por todo lo que he pasado y sufrido.

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